Estas semanas una de las noticias que fue tendencia internacional en redes sociales, y que se viralizó en muchos medios de comunicación, fue el momento incómodo que vivió Andy Byron CEO de la empresa Astronomer, con la Directora de recursos humanos de la misma empresa, captados en momento íntimo en la Kiss Cam de un concierto de Cold Play; más allá del escándalo mediático en torno a la infidelidad de ambos respecto a sus matrimonios, me gustaría hacer una autopsia del cadáver en temas de imagen pública y el costoso impacto que causan las acciones tanto de los líderes de las empresas e instituciones, como las acciones del personal que forma parte de las mismas.
Empecemos con el método científico más antiguo: la observación.
No es difícil comprender que en el mundo actual, somos más vistos que en cualquier otro momento histórico, somos los seres más visuales, no sólo por el contenido que generamos constantemente, sino porque existe una tendencia real de convertirnos en seres hiper gráficos, de conectarnos y comunicarnos principalmente con imágenes que con textos. Y hoy en día es verdad que una imagen dice más que mil palabras. Para bien o para mal, es así. Un video o una fotografía, sin importar el contexto, puede catapultar la reputación de una persona o institución. La vida privada sólo existe en las paredes internas de tu hogar, todo lo demás es un campo de juego público que se dramatiza a diferentes conveniencias.
Regresando al cadáver, revisemos los daños colaterales; cuando eres un líder, CEO, senador, diputado, gobernador, presidente, secretario, representante de cualquier institución, empresa, organización, partido político, movimiento, sociedad civil, y más, automáticamente adquieres una doble responsabilidad en temas de imagen, y es salvaguardar la reputación de lo que representas, dejas de responder sólo a tu nombre, ahora respondes también al nombre de toda una organización o sistema, asumiendo que tus acciones van a impactar directamente a su imagen pública y credibilidad. Y es importante comprender que no es cualquier responsabilidad, es la más costosa de todas.
Pero esto es un matrimonio, la institución u organización al ser un ente vivo, también impactará de forma sustancial en la imagen pública de sus directivos, colaboradores y toda aquella persona que forme parte de la misma. Así que cuando nos enfrentamos a escenarios de crisis reputacional, la radiografía del cadáver se vuelve compleja y surge una pregunta:
¿A quién le salvamos la vida?
La respuesta no es simple, pero es clara: Al más fuerte.
Una empresa, institución, sistema, gobierno, que goce de una buena reputación y aceptación por parte de sus públicos, sacrificará a todos los líderes que sean necesarios para salvaguardar los valores fundamentales que lo sostienen. Y es en este punto donde vale la pena reflexionar sobre los pilares que forman a la buena reputación. Hablamos de valores, principios, pero sobre todo de ACCIONES EN COHERENCIA con los mismos.
La coherencia diaria es el oro puro de la Reputación Corporativa, si la perdemos, se pierde la credibilidad que tardó años en construirse, se pierde la confianza, el valor tangible e intangible de la marca que identifica a todo el sistema. Si no desean un divorcio institucional, conviene tomar dosis enteras de coherencia en nuestras acciones alineadas con nuestros objetivos y actuar profesional.
No te preocupues por el muerto, sino por los que quedan vivos, por los que tienen que enfrentar la crisis y dar la cara a los diferentes públicos con actos de congruencia y estrategia para salvaguardar esa reputación y no llevar a la morgue a una organización entera.
El duelo es inevitable, la muerte de una reputación personal o institucional será un proceso difícil y costoso de reconstruir, es un proceso lento y cuesta arriba que requerirá un renacimiento como el ave fénix, pero siendo optimistas, también de las cenizas nacen los mejores proyectos, las transformaciones de vida más profundas y la gran oportunidad de volver a empezar con mayor consciencia y fortaleza.


