El Self, El Yo, el centro de nuestra existencia consciente, está ubicado en la ínsula de nuestro cerebro, donde se procesan cantidades de información para generar percepciones de la realidad, que nos llevan a vivir todo tipo de experiencias, subjetivas claro, porque lo que conocemos como “nuestra realidad”, es justo la dramatización personal que yo construyo de la misma.
Y es ahí, en este complejo neuronal, donde también se desarrolla mi autoconciencia y la forma en cómo me percibo a mí mismo. Ya lo decía el filósofo francés René Descartes, “Pienso, luego existo”.
Mirarnos al espejo y responder a la pregunta ¿Quién soy? Es siempre interesante; casi como un juego matemático por descifrar, porque algunos de nosotros, comenzamos a definirnos en nuestros roles diarios, nuestra actividad profesional o laboral, nuestros logros y triunfos, en infinidad de referentes que hablan del temperamento, carácter y de nuestra propia historia de vida y experiencias. Y todo eso, le da forma a nuestra esencia, a lo que llamamos “nuestra personalidad”, pero somos seres en constante evolución y cambio, emanando al despertar, un sinfín de estímulos verbales y no verbales, que nos van transformando en una persona distinta a la de ayer; y es conveniente ser conscientes de que existe un compañero en este viaje del “Yo” que no podemos negar ni ocultar y merece el tiempo de conocerlo, y esa es nuestra IMAGEN.
Una mala dicción, una errónea postura corporal, una fotografía inadecuada, una vestimenta fuera de lugar y muchos más estímulos no planeados o equivocados, pueden representar la pérdida de la credibilidad en una determinada audiencia, castigando rápidamente a la estrategia política.
El self, El Yo, acompañado de la IMAGEN es la pareja exitosa, una vez que respetas tu esencia, y la proyectas en coherencia al mundo exterior, siempre considerando un propósito y la correcta producción de los estímulos verbales y no verbales en los públicos objetivo. La imagen es poder, el poder simbólico que se construye y se reconoce en la mirada del otro, pero que depende de la gestión del ser y parecer.


