“Si quieres que te digan que caes bien, no entres en política.”
Nadie es monedita de oro para caerle bien a todos, eso ya lo sabemos, de hecho es imposible, pero hay una gran diferencia al elegir los motivos por los cuales caerás mal a los demás. Caer mal no es necesariamente un aspecto negativo, siempre y cuando estés remando hacia el trayecto de la autenticidad con valores y objetivos, es decir cuando tienes la valentía de ser leal a ti mismo, a tu propio código ético de ser y estar en este mundo.
Tampoco puedo omitir el famoso dicho “De valientes están llenos los panteones”, es una realidad que a lo largo de la historia, la autenticidad y la valentía han sido mal pagadas, ese idealismo poético de vidas como Sócrates, que en su búsqueda de la verdad y la integridad moral, prefirió morir bebiendo cicuta antes que renunciar a su filosofía o exiliarse, o tantos personajes históricos que han defendido libertades, democracias, ideales y principios, sin duda han sacrificado más que sus vidas.
Y a pesar de todo, hoy hacen mucha falta esos valientes entre nosotros, aquellos que caen mal, que incomodan, que creen en los principios y valores éticos no como referencia literaria escolar, sino como códigos vivos que les inspiran en su actuar diario, y sí caminan entre nosotros, algunos son reservados, porque saben perfectamente que “van a caer mal”, que los van a señalar, que serán criticados y segregados por esta sociedad cada vez más alejada de lo fundamental, algunos otros ya navegan en su propio barco y con una talentosa imagen pública que crece cada día.
Priorizar la autenticidad sobre la aprobación no es un camino de rosas, es un camino de espinas, pero no necesariamente un mal camino, en realidad es el camino de la libertad por tener posturas y opiniones claras, donde tú le das el valor y el respeto primero hacia lo que verdaderamente importa, sin esperar el aplauso del que no tiene el valor de expresarlo, es tener la responsabilidad de tomar las decisiones bajo esos códigos en los que te formaste, y exclusivamente me refiero a aquellos seres humanos que no se adaptan con la corriente, que buscan el bienestar verdadero de una sociedad, que alzan la voz ante lo que no puede ser aceptado por no romper un privilegio, me refiero a esos seres humanos que hoy están gestionando proyectos de valor e impacto en diferentes estructuras económicas, sociales y políticas y que al igual que todos nadan con la marea de la opinión pública, pero lo hacen desde el respeto y reconocimiento de su identidad y valores.
“Caer mal” nunca ha sido tan necesario como hoy en día; caer mal, tiene la ventaja de tener verdaderos seguidores, simpatizantes, de generar alianzas sólidas y dirigidas hacia proyectos sostenibles, caer mal es la mejor publicidad, porque lo que incomoda alerta, mueves sistemas y masas, caer mal no es para todos, es para quienes tienen la fortaleza interior de construirse y reconstruirse una y otra vez.
Caer mal es una elección propia, es una rebeldía del ser, de no ser uno más por miedo, comodidad o conveniencia. Caer mal es abrir las redes sociales y encontrar a esa persona en un video que está expresando esas verdades que incomodan a cientos y miles, pero que en su narrativa sabes perfectamente que se asoma una realidad innegable. Caer mal será tener un ejército de bots atacando tu contenido, por ser una persona crítica, por compartir una opinión congruente, por no estar de acuerdo con los antivalores.
Si caer mal es una bandera digna de vivir con ética y congruencia, ojalá todos tengamos el valor, aunque sea una vez en la vida de ATREVERNOS A CAER MAL.


