“Nunca estás completamente vestido sin una sonrisa”
Martin Charnin
Sonreír es uno de los gestos más primitivos y universales que existen en la raza humana, y poco valorado actualmente. Si pudiéramos contar en nuestro día, la cantidad de veces que sonreímos, así como nuestro reloj cuenta los pasos que damos, te sorprendería lo poco que lo hacemos. Salimos a la calle con nuestro rostro endurecido, temeroso, o escéptico de conectar con las personas que transitan a nuestro alrededor, simplemente porque quizá aprendimos esa regla cultural de no sonreír sin motivo alguno.
La sonrisa es un gesto que abre los canales de comunicación inmediatamente en las personas, aún cuando pertenecen a distintos contextos socioculturales, todos podemos interpretar la sonrisa como amabilidad y alegría, convirtiéndola en un puente de comunicación; incluso en los animales se interpreta igual. La sonrisa es tan poderosa que se contagia, transforma un estado de ánimo en otro, nos transporta a una condición placentera de bienestar.
Y si es tan sanador sonreír, ¿Por qué no practicarlo más?
Podemos comenzar en el espejo, mirarnos y sonreírnos con afabilidad, quizá sea hasta una experiencia terapéutica el poder observarnos por un momento y ser empáticos con nosotros mismos. Está comprobado que sonreír libera endorfinas en nuestro sistema, estimulando órganos vitales como el corazón y los pulmones. Pero más allá del bienestar, la sonrisa es un arma poderosa en la comunicación no verbal, sobre todo cuando ésta es genuina y espontánea, cuando logramos experimentar la “sonrisa de Duchenne”, donde podemos retratar una expresión emocional verdadera, desde lo auténtico, la sonrisa transmitirá emociones positivas en el otro, comunicando optimismo, sinceridad, empatía y humanidad, incluso logrando crear una conexión segura con los demás. Cuando estamos en un escenario, ante una cámara, una audiencia, sonreír individualmente se vuelve complejo, porque no podemos hacer contacto visual con cada persona, en el mejor de los casos, vemos un cúmulo de cabezas, en algunos otros solo imaginamos que detrás de la lente nos están observando personas de todo tipo de pensamiento, culturas, edades, género, roles, etc. Y que de alguna forma buscamos conectar con ellas.
Uno de los errores que se cometen y que hemos presenciado en algún momento de la vida política, es cuando las personas abusan del uso de la sonrisa, cuando éste gesto no nace de lo auténtico, transmitiendo frivolidad y vacío, todo lo contrario a la esencia de una sonrisa, el único que se engaña es el que sonriendo forzadamente cree que conecta, cuando ocurre exactamente lo opuesto.
Pero ¿Cómo lograr esa sonrisa no fingida, no superficial?
Sin duda todo comienza en la mente, en sostener un estilo de vida de pensamiento positivo, con la combinación de un estado emocional de agradecimiento constante, permitiendo expresarte con naturalidad, conectando con tu esencia y siendo tú mismo en tiempo presente.
Sonreír se convertirá en tu más valioso accesorio, una vez que aprendas a conectar con tu parte más honesta, cercana, sincera y acccesible, generando confianza en múltiples audiencias, destacando tu liderazgo y optimismo.
Si te encuentras en alguno de estos escenarios como a punto de abordar un avión, iniciar una reunión de negocios, comenzar una ponencia, en medio de una junta profesional, o estancado en el tráfico, no lo pienses más y por favor regálate una sonrisa a ti y al mundo entero.


